 Olga Capellán . . | |
Recuerdo en mi juventud y viviendo en Santo Domingo cuando realizábamos un viajecito por el Sur, era de mucho afán hacer una paradita en la Comunidad de Paya, Baní, dada la fama que esta pequeña región tenía por aquello sobre todo de los dulces, sin importar de que material estuvieran hechos, ya que esto era así como rezar el credo de la misa cotidiana.
Tanto los dulces como el agua de coco y los mangos banilejos eran las cosas principales que hacían de Paya una celebridad cotidiana y que obligaban a que todo aquel que pasase por el lugar ya fuese en bus o transportes privados escogiese ese lugar para hacer una pausa y de paso comprar unas que otras frutas con las que al llegar a su casa agradarían a sus hijos, familiares y porque no a unos que otros amigo.
Hoy para mí Paya ha perdido ese valor y creo que no estoy sola con esa consideración, ya que los hechos recién pasados hablan por sí solo, tras la muerte de siete extranjeros, que según se ha informado eran narcotraficantes y que fueron asesinados por un comando compuestos por militares de altos rangos de los diversas cuerpos castrense dominicanos para vergüenza de toda la nación.
El caso Paya cada día se torna aún más complicado y grimoso, cada vez que se escuchan los detalles de los implicados en el asunto uno se transporta como a otro mundo, más allá de lo que sería una película de terror.
Según los detalles que ha publicado la prensa en general sobre los interrogatorios a los imputados salen a relucir que el caso Paya no solo se trata de siete extranjeros muertos, sino que forma parte de una serie de asesinatos y asesinos, siendo más complejo porque en ellos están envueltos militares de altos rangos en su mayoría, revelando con ello lo podrido que se encuentran nuestros cuerpos castrenses, que actúan sin control y en busca del dinero por la vía rápida.
En los interrogatorios que ha hecho el ministerio público ha demostrado que las comisiones investigadoras de esa masacre, los integrantes en su mayoría formaban parte de la comisión de los hechos y no se puede ser juez y parte a la vez.
Por un lado un investigador que exige 10 millones de pesos por separado a algunos de los implicados, con lo que si hubiesen pagado estarían fuera de los informes acusatorios, lo que significa que en República Dominicana todo aquel que tiene dinero y paga buena suma se libra de todo tipo de acusación, aunque estos hayan cometido los más horrendos crímenes.
¿Después de la masacre de Paya quien fue que mató al gordo de Bonao?, ¿Dónde está la novia del militar extraditado? Y ¿cuantas personas más han caídos sin que estos se hayan descubiertos?, ¿Por qué el gobierno paga tanto dinero (millones) en asesores infuncionales, quienes se dedican sólo a desviar la atención del pueblo como si estos también estuvieran en complicidad con los violadores de las leyes?
Una serie de interrogantes asalta el sentido común de cualquier ciudadano, quienes pierden la esperanza de vivir en un país seguro porque no se aplican políticas adecuadas para evitar el desasosiego y el desorden actual, cada madre, cada esposa y cada hermana no para de rezar cuando sus parientes salen a las calles, en oración para que estos vuelvan sanos y salvos a sus respectivos hogares.
República Dominicana se ha convertido en la cuna de la impunidad, donde cualquier personaje extranjero buscado por la justicia de su país consigue vivir allí como rey y con varias identidades que le permiten esquivar cualquier persecución porque con dinero y aliados a los desaprensivos nacionales, estos logran llevar una vida normal y hasta se alían a personalidades del quehacer político, quienes brindan facilidades para hacer inversiones financieras en cualquier de las áreas del país.
Es decir, en este país cualquier delincuente extranjero encuentra protección con gente de poder.
Debemos recordar que no solo la masacre de Paya ha sido un hecho vergonzoso y lamentable para el país, pues además tenemos el caso de los cuatro hombres, asesinados en la Lomota, Puerto Plata, además los siete de la Jeep Etta en la carretera los Cacaos-Cambita y el caso más reciente los cinco que aparecieron en esta misma semana en el kilómetro 30 de la autopista Duarte, así como también tantos otros más.
¿Dónde están Sobeida y Agosto?
En ese sentido los dominicanos están tan desacreditados que cuando llega un avión a cualquier aeropuerto europeo procedente de este país, los representantes de migración solo atienden a decir: llegó un “Vuelo Caliente”, vamos a ver lo que sale, porque entienden o creen que todos o gran parte de los viajeros se dedican al tráfico de droga.
Para los viajeros comunes esto se convierte en un hecho muy desagradable, pues se ven en cierto sentido acosados por el personal de seguridad, quienes están en la obligación de realizar sus trabajos sin reparar la sensibilidad de cada ser con buenos resultados o no.
A nivel internacional ya no solo se habla de que República Dominicana se ha convertido en un puente del narcotráfico, sino que es un país de narcotraficantes, donde muchas instituciones estatales se encuentran permeadas por este flagelo, incluyendo a los organismos de seguridad del país.
¿Y que dice el Presidente de la República y Comandante en Jefe de todo esto? .
ma/sh
Ecos de Bani
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